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1 de julio de 2010

Argentinos, los más preparados para entender la crisis europea

La Unión Europea avanzó hace un poco más de 10 años en establecer una moneda única pero los países que la integran no definieron una política económica común y, mucho más importante, se unificaron bajo esa moneda economías con estructuras productivas muy disímiles. Así resultó que uno de los países con mayor peso a nivel mundial de sectores de alta tecnología, Alemania, tuviera el mismo tipo de cambio nominal que uno con una estructura basada en sectores de baja tecnología, Grecia.

Durante la presente década el euro se revaluó, lo que refleja entre otras cosas la productividad de la economía alemana. Con un tipo de cambio revaluado, ninguna empresa de mediana o alta tecnología podía ser competitiva en Grecia, que quedó relegada a invertir en actividades de baja productividad y pasó a tener la “moneda más poderosa del planeta” al mismo tiempo que condenaba su economía real a la trampa del subdesarrollo.

En la década pasada, los ’90, la Argentina se alineó automáticamente a los EE.UU., abrió su economía unilateralmente y adoptó una moneda “atada al dólar”. En ese mismo período, EE.UU. experimentó un salto en sus potencialidades científicas tecnológicas que, sumado a otros factores, generó expectativas de aumentos en la productividad superiores a los de los restantes países del mundo, haciendo que su moneda se fortaleciese respecto de las demás. EE.UU. tenía la moneda más fuerte porque se esperaba que, una vez relanzado el capitalismo hacia una nueva onda larga de acumulación, fuera la economía más poderosa del planeta.

También la Argentina pasó a tener la moneda más poderosa pero no tenía la economía más productiva ni generaba ninguna expectativa de salto en su potencial científico y tecnológico. ¿Cómo logró el gobierno liberal de Carlos Menem-Cavallo convencer al mundo que su moneda era sustentable? Porque logró convencer a los capitales internacionales de que las políticas de privatización y desregulación generarían tasas de crecimiento permanentes de la productividad. Equivocación propia de la teoría económica dominante, que confunde lo transitorio con lo permanente. Para ello empeñó su futuro, entregando como pago adelantado las empresas públicas por sólo u$s30.000 M y generando un endeudamiento externo por u$s80.000 M. (con la ayuda de los economistas mediáticos convencimos a propios y ajenos de que estábamos en el Primer Mundo, que ya habíamos llegado, pero cuando dejaron de prestarle, Argentina volvió a la realidad).

Estados Unidos puede seguir manteniendo su valor del dólar, tiene una enorme variedad de instrumentos para seguir viviendo de promesas de saltos de productividad; entre ellos, que su reemplazo como potencia hegemónica está vacante (y lo seguirá estando por mucho tiempo). Grecia, Portugal, España, tienen la moneda más poderosa porque se endeudaron, situación que se ha amplificado por la especulación financiera que la empeora de modo exponencial: el euro se revaluó de u$s0,8 a u$s1,6 hacia finales de 2008, en parte por el avance alemán y en parte por la burbuja especulativa.

La fiesta terminó. La crisis en los países del sur de Europa quizás no llegue a ser tan trágica como en la Argentina del 2002 porque estos países están en Europa, y Alemania ha decidido hace unas décadas que su mercado interno es el europeo y no querrá que se destruya y, mucho más importante, porque son los bancos alemanes los principales financistas de la “fiesta”. Pero, como los argentinos sabemos, las “fiestas” las disfrutan más unos que otros pero las “cuentas” las terminan pagando más “otros” que “unos”. Así, Alemania (y los otros países poderosos y el FMI) financiará a los países endeudados pero sólo para pagarle a los acreedores, que son sus bancos. En el ínterin, el Banco Central Europeo y el FMI descargarán sus tradicionales baterías de recomendaciones de ajuste sobre el “estado de bienestar” de Grecia, España, Irlanda, Italia y Portugal.

Para lo que todavía no estamos preparados los argentinos es para aceptar definitivamente que el camino al desarrollo es más complejo y va en una dirección distinta al elegido en los ’90. Basta mirar la experiencia internacional de los últimos 200 años: durante la hegemonía inglesa, sólo un grupo de países logró avanzar y converger con el líder, mientras que aumentaba la brecha sobre el resto de los países del mundo. Después 1945, el país líder pasó a ser EE.UU. y sólo un puñado de países ha logrado acercársele, mientras que nuevamente la brecha aumentó sobre el resto. ¿Qué hicieron esos países que lograron achicar la brecha con el líder? Un capitalismo autocentrado, que modificó su estructura productiva hacia sectores de media y alta tecnología, apoyados en la expansión del mercado interno regional, sin generar déficits comerciales.

Una estrategia de este tipo requiere una apertura comercial selectiva, que apele al capital extranjero sólo de modo complementario, que se organice sobre la base de ideas económicas propias, con protección a la industria, y sin utilización de la paridad cambiaria como política antiinflacionaria (enfoque monetario de la Balanza de Pagos aplicado en la Argentina en 1976-83 y en 1991-2001). Se trata de desarrollar ventajas competitivas dinámicas basados en fortalecer la base científica-tecnológica y al mismo tiempo adoptar, adaptar, desarrollar y difundir las tecnologías de punta generando un proceso interno de apropiación del avance tecnológico y educando a la población.

Que hoy sigamos discutiendo el modelo es síntoma de nuestro colonialismo mental, y lo más grave es que el pasado está a la vuelta de la esquina.

Tampoco estamos preparados para un modelo que requiera cada vez más trabajadores calificados, el prestigioso sistema educativo argentino ha sido degradado a niveles increíbles. (ver Entrelíneas, N° 25. Edición Especial Educación, en www.ciepyc.unlp.edu.ar )

El desafío actual pasa por recuperar un sistema educativo orientado a la generación de conocimientos y capacidades productivas. Para ello, se requieren muchos años de políticas educativas consistentes y de políticas económicas y sociales que vayan generando una estructura capaz de absorber graduados de alta calidad, para revertir las tendencias desintegradoras que se arrastran de tantos años de exportación de premios Nobel e ingenieros, desempleo e importación de productos intensivos en ciencia y tecnología.

19 de abril de 2010

Había una vez tres países y una convención de economistas

Había una vez tres países, MM, DD y KK, que eran objeto de estudio de una convención de intercambio entre economistas y científicos sociales. 
El estudio de los tres países se realizaba sobre la base de la Balanza de Pagos de cada uno de ellos, cuyos cuadros resúmenes figuran a continuación.


MM
DD
KK
1.
CUENTA CORRIENTE
-75.142
-12.746
50.186

1.1. COMERCIO
-39.382
1.691
98.203

     1.1.1.  X DE BS. Y S
194.890
62.447
390.806

     1.1.2.  M DE BS. Y S
234.272
60.756
292.603

1.2. PAGOS NETOS DE RENTAS
-40.110
-15.261
-53.106

     1.2.1. INTERESES NETOS PAGADOS
-25.883
-13.393
-23.136

     1.2.2. UTILIDADES NETAS REMITIDAS
-14.227
-1.868
-29.970

1.3 TRANSFERENCIAS CORRIENTES
4.350
824
5.089
2.
CUENTA FINANCIERA
106.528
3.028
-16.363

2.1. SECTOR BANCARIO
10.030
11.655
-18.661

2.2. SECTOR PUBLICO NO FINANCIERO
55.092
4.865
17.108

2.3 SECTOR PRIVADO NO FINANCIERO
41.406
-13.492
-14.810
3.
ERRORES Y OMISIONES
-11.949
-3.078
1.528
4.
VARIACION DE RESERVAS INTERNACIONALES
19.898
-12.523
35.741

En la primera jornada, uno de los economistas explicó a los neófitos que la Balanza de Pagos registra las operaciones económicas internacionales de un país con el resto del mundo. Esas operaciones son de diversa índole, advirtió, y pasó a explicar sus componentes. La cuenta corriente registra, básicamente, dos tipos de operaciones: por un lado, el comercio del país, esto es, sus exportaciones e importaciones de bienes y servicios. El otro rubro está conformado por los intereses que se pagan por deudas que el país tiene (si ese acreedor cobra intereses) y las utilidades y dividendos que las empresas multinacionales envían a sus casas matrices (si el país fuese de donde las casas centrales de esas multinacionales están radicadas, el país recibiría utilidades). (Lo aclarado entre paréntesis no es el caso de ninguno de los tres países analizados.)

Por otro lado está la cuenta financiera, que a su vez se descompone en tres rubros. En Sector Bancario se registran los movimientos de fondos de entidades financieras residentes con los no residentes (ejemplo, entrada de divisas por préstamos que estas entidades toman en el resto del mundo). En Sector Público no Financiero se registra el movimiento de capitales motivado en operaciones del Estado (por ejemplo figura con signo positivo el ingreso de capitales cuando el Estado se endeuda en el exterior). Por último, en esta cuenta se registra lo actuado por el Sector Privado no Financiero, los valores positivos implican ingresos de capitales al sector privado (por ejemplo las acciones de una empresa residente son vendidas a un no residente) y los valores negativos implican que los residentes adquieren activos contra no residentes (un depósito en el exterior) o bien cancelan deudas con no residentes.

Como todas estas transacciones se realizan con divisas, monedas de aceptación internacional, el resultado puede dar un aumento o una disminución de las reservas del Banco Central del país.
Una vez terminada la exposición, los economistas demostraron su entusiasmo con el país MM; sostenían que si bien tenía un déficit comercial de u$s39.382 millones e intereses y utilidades a pagar por u$s40.110 millones, el país parecía confiable porque recibía préstamos tanto para el sector público por u$s55.092 millones como para el privado por u$s41.406 millones. Y esto daba como resultado un aumento en sus reservas internacionales de u$s19.898 millones.

El presidente de la convención, Juan Carlos De Pavo, sostenía que MM era un país confiable para los inversores extranjeros, porque si bien tiene déficits corriente y probablemente fiscal (por el tamaño de los ingresos externos que recibe el Sector Público) alguien le da préstamos para financiarlo por ser un país con seguridad jurídica y un modelo económico de largo plazo.

Del segundo país, el DD, también efectuaban comentarios favorables: presenta un pequeño superávit comercial de u$s1.691 millones y pagos netos en intereses y utilidades por u$s15.261 millones.

El país recibe préstamos a través del Sector Bancario (desde el exterior le prestan al Banco Central para “blindar” el sistema financiero) y del Sector Público (que realiza un megacanje de bonos viejos de tasas bajas por otros de tasas más altas y puede entonces recibir ingresos adicionales para tapar su agujero fiscal).

Con todos esos ingresos de divisas, ya que el Sector Privado se encarga de llevar dólares al exterior, caen sus reservas en u$s12.523 millones.

Otro miembro de la convención, Alfonso Morgan, planteaba que el blindaje financiero era una buena alternativa para el país, que expresaba la confianza de los organismos internacionales de crédito y que el canje de la deuda sería un muy buen negocio. Respecto del tercer país, sostenían que si bien mostraba un superávit comercial de u$s98.203 millones y acumulaba reservas por u$s35.741 millones, no les agradaba mucho porque no atraía capitales. “No es un país confiable, no debe tener seguridad jurídica”, comentaba Ricardo López (que no sabía cómo hacer para diferenciarse en la guía de teléfonos y le molestaba que le dijeran Lopecito), mientras que Miguel Ángel Border concluía: lo que ocurre es que los países MM y DD están administrados por prestigiosos economistas mientras que el ministro de Economía en KK es un abogado desalineado que no sabe nada de economía.

La mayoría de los científicos sociales y algunos pocos economistas los miraban atónitos. Pasaba casualmente por allí Leonardo Del Pópolo, que después de un pantallazo de los números miró a los economistas y les dijo: pero muchachos, ¿no se dan cuenta de que no son tres países distintos sino que es la Balanza de Pagos acumulada de la Argentina para los períodos 92-99 (gobierno de Menem), 00-01 (gobierno de De La Rúa) y 03-09 (gobierno de los Kirchner)? Y continuó: “Se los explico: durante 92-99 la Argentina no generó ni un solo dólar genuinamente, tuvo un déficit corriente de 75.142 millones, sólo ingresaron dólares por privatizaciones por un total de 31.000 millones y endeudamiento por u$s70.000 millones.

O sea, ahorros de décadas anteriores que estaban acumulados en las empresas públicas y endeudamiento, que implica ahorros en el futuro para devolver esos créditos. Las reservas aumentaron en 19.898 millones por endeudamiento. Y durante 00-01 tampoco se generó ni un solo dólar genuino, hubo un déficit corriente de 12.746 millones, aunque nos seguimos endeudando (el BCRA por 11.655 y el Sector Público por 4865). Préstamos que los organismos multilaterales de crédito (FMI, BM) le otorgaban para salvar el modelo ejemplar de la época, créditos que terminaron financiando la fuga de capitales por un monto de u$s13.492millones, mientras caían las reservas en -12.523 millones.

Y amplió: durante 03-09 la Argentina generó dólares genuinamente por 50.186 millones, que le permitieron más que compensar la fuga de capitales de 14.810 para poder acumular reservas por 35.741 millones.

Y concluyó: muchachos, ¿ustedes son o se hacen? Para mí son. Y sin decir más, se fue.


Por Gerardo De Santis

4 de marzo de 2010

La década de Krugman

Nota BAE

A fi­nes del 2009, Paul Krug­man pu­bli­có en The New York Ti­mes una no­ta ti­tu­la­da “The Big Ze­ro” que fue re­pro­du­ci­da por Cla­rín el do­min­go 3 de ene­ro de 2010 con el tí­tu­lo “Un ba­lan­ce: la dé­ca­da del Gran Ce­ro”. Krug­man acla­ra que el mi­le­nio y la dé­ca­da co­men­za­ron en el 2001, pe­ro que eso no es real­men­te im­por­tan­te y ana­li­za el pe­río­do com­pren­di­do en­tre 1999 y el 2009.

“En esa dé­ca­da la crea­ción de em­pleo fue ce­ro, y fue la pri­me­ra dé­ca­da, des­de que se tie­ne re­gis­tro, que el em­pleo en el sec­tor pri­va­do se con­tra­jo”, ex­pli­ca Krug­man. Tam­bién “fue una dé­ca­da con avan­ce eco­nó­mi­co ce­ro pa­ra la fa­mi­lia ti­po. Y fue ce­ro la ga­nan­cia pa­ra los pro­pie­ta­rios de ca­sas, con el agra­van­te que en el 25% de las hi­po­te­cas, la deu­da su­pe­ra al va­lor de la pro­pie­dad. Y fue una dé­ca­da de ga­nan­cia ce­ro pa­ra la Bol­sa”. Por úl­ti­mo cri­ti­ca a los opi­nó­lo­gos y po­lí­ti­cos que va­ti­ci­na­ban un gran avan­ce eco­nó­mi­co y elo­gia­ban el sis­te­ma fi­nan­cie­ro nor­tea­me­ri­ca­no. “¿Cuán­to de to­do es­to es ver­dad?”, se pre­gun­ta. “Ce­ro”, res­pon­de.
To­ma­re­mos ese mis­mo pe­río­do pa­ra ana­li­zar la eco­no­mía ar­gen­ti­na. Co­mo mu­chos sa­ben, los eco­no­mis­tas te­ne­mos fa­ma de uti­li­zar las es­ta­dís­ti­cas pa­ra de­cir una co­sa y tam­bién lo con­tra­rio. Krug­man es pro­fe­sor de la Uni­ver­si­dad de Prin­ceton, doc­to­ra­do en 1977 en el Mas­sa­chu­setts Ins­ti­tu­te of Tech­no­logy y Pre­mio No­bel de Eco­no­mía en el 2008. Na­die po­dría sos­pe­char que eli­gió ese pe­río­do in­flui­do por Mo­re­no (Gui­ller­mo).
Los años 1999 y 2009 tie­nen al­gu­nas bon­da­des a la ho­ra de ser usa­dos pa­ra com­pa­rar. En el pri­mer ca­so, se tra­ta del no­ve­no año del mo­de­lo neo­li­be­ral y en el se­gun­do, del oc­ta­vo del mo­de­lo he­te­ro­do­xo. En nin­gún ca­so se po­drá ar­gu­men­tar que no hu­bo tiem­po pa­ra su ins­ta­la­ción. Otro ele­men­to en co­mún es que son años de caí­da del pro­duc­to des­pués de va­rios de ex­pan­sión. En el pri­mer ca­so, la ex­pan­sión se dio en 1996, 1997 y 1998, mien­tras que en el se­gun­do se ex­ten­dió del 2003 al 2008.
En cuan­to a la si­tua­ción in­ter­na­cio­nal tam­bién te­ne­mos si­mi­li­tu­des: los efec­tos de la cri­sis del su­des­te asiá­ti­co de fi­nes de 1997 se em­pie­zan a per­ci­bir en la Ar­gen­ti­na a me­dia­dos de 1998 e im­pac­tan cla­ra­men­te en 1999. Al­go pa­re­ci­do su­ce­dió con la cri­sis fi­nan­cie­ra in­ter­na­cio­nal ac­tual que co­men­zó a fi­nes del 2007, se em­pe­zó a per­ci­bir en la Ar­gen­ti­na en el se­gun­do se­mes­tre del 2008 y tu­vo im­pac­to ple­no en el 2009. Ade­más, en am­bos ca­sos, se tra­ta del año que su­ce­de al me­jor de ca­da pe­río­do; 1998 en el pri­mer ca­so y el 2008 en el se­gun­do. (Pa­ra un aná­li­sis más pro­fun­do de los dos mo­de­los ver En­tre­lí­neas Nº 19 “Ex­ce­den­te, dis­tri­bu­ción del in­gre­so y acu­mu­la­ción -1993-2007”).
Ob­ser­ve­mos qué su­ce­dió en la Ar­gen­ti­na du­ran­te es­ta dé­ca­da. En el pla­no del em­pleo los da­tos son con­tun­den­tes. La ta­sa de em­pleo (ocu­pa­dos­/po­bla­ción ur­ba­na to­tal) pa­só de un 36,8 a 41,9% lo que sig­ni­fi­ca una crea­ción de 1.900.000 pues­tos de tra­ba­jo (una apro­xi­ma­ción va­le­de­ra, a pe­sar del cam­bio me­to­do­ló­gi­co en la EPH del 2003). Ya que es­ta­mos ha­blan­do de dé­ca­das, y to­man­do co­mo fuen­te los cen­sos na­cio­na­les de po­bla­ción y vi­vien­da de 1991 y del 2001, en ese pe­río­do se per­die­ron 1.500.000 pues­tos de tra­ba­jo. La crea­ción de em­pleo du­ran­te la dé­ca­da re­cien­te ex­pli­ca la re­duc­ción de la ta­sa de de­so­cu­pa­ción de 14,4 a 8,9% (pa­ra ob­ser­var qué em­pleo se ge­ne­ró du­ran­te la con­ver­ti­bi­li­dad y la pos­con­ver­ti­bi­li­dad ver En­tre­lí­neas Nº 14 “Luz ama­ri­lla en el mer­ca­do de tra­ba­jo”).
Con res­pec­to al in­gre­so de las fa­mi­lias se ob­ser­va un cre­ci­mien­to del PBI por ha­bi­tan­te del 21,4% acom­pa­ña­do por una me­jo­ra en la dis­tri­bu­ción del in­gre­so tan­to me­di­do por el coe­fi­cien­te de Gi­ni (to­da la po­bla­ción di­vi­di­da en de­ci­les de in­gre­sos) co­mo la bre­cha en­tre los más ri­cos y los más po­bres. Si no acep­ta­mos los da­tos del IN­DEC y sí los de opi­nó­lo­gos (pa­re­ce que hay en to­dos la­dos) que di­cen que la dis­tri­bu­ción no me­jo­ró si­no que se man­tu­vo, en­ton­ces la me­jo­ra en el in­gre­so de ca­da ar­gen­ti­no fue la del pro­me­dio, es­to es 21,4%, lo cual se ve re­fle­ja­do en la dis­mi­nu­ción de la po­bre­za de 27,1 a 23,1% se­gún la Fun­da­ción de In­ves­ti­ga­cio­nes Eco­nó­mi­cas La­ti­noa­me­ri­ca­nas (fun­da­ción im­po­si­ble de ca­ta­lo­gar co­mo ofi­cia­lis­ta).
En nues­tro país los pro­pie­ta­rios de ca­sas han ga­na­do un 30%, me­di­do en dó­la­res, sin bur­bu­ja me­dian­te, con me­nos fi­nan­cia­mien­to hi­po­te­ca­rio y a pe­sar del dó­lar “ba­ra­to” del ’99 y “ca­ro” del 2009. Y en cuan­to a la Bol­sa, el Mer­val me­di­do en dó­la­res ga­nó 10% en el pe­río­do, aun­que aquí es me­nos sig­ni­fi­ca­ti­vo que en los Es­ta­dos Uni­dos por el po­co pe­so que en la car­te­ra de los aho­rris­tas tie­ne la co­lo­ca­ción en ac­cio­nes. De to­das for­mas, a to­dos les hu­bie­se con­ve­ni­do com­prar tie­rras en la Ar­gen­ti­na que au­men­ta­ron 200 por cien­to.
RU­BROS.
Sí nos pa­re­ce re­le­van­te in­cor­po­rar otros ru­bros en la com­pa­ra­ción, los re­cur­sos des­ti­na­dos por la so­cie­dad a edu­ca­ción, cien­cia y téc­ni­ca y se­gu­ri­dad so­cial (ju­bi­la­cio­nes) y el pe­so de la deu­da pú­bli­ca.
En el pri­mer ca­so ve­mos un im­por­tan­te in­cre­men­to en edu­ca­ción (+27%), cien­cia y téc­ni­ca (+50%) y se­gu­ri­dad so­cial (+15%), au­men­tos sig­ni­fi­ca­ti­vos en ca­da ca­so aun­que se po­drían con­si­de­rar in­su­fi­cien­tes com­pa­rán­do­los con las ne­ce­si­da­des.
Res­pec­to del ni­vel de en­deu­da­mien­to la re­la­ción re­ser­vas­/deu­da mues­tra una im­por­tan­te me­jo­ra, re­ser­vas que en el 2009 se ge­ne­ran ge­nui­na­men­te (su­pe­rá­vit co­mer­cial) y no por en­deu­da­mien­to. Du­ran­te los años ’90 la eco­no­mía ar­gen­ti­na se en­deu­da­ba a un rit­mo del 3% del PBI anual, co­mo lo mues­tra el dé­fi­cit en cuen­ta co­rrien­te del ba­lan­ce de pa­gos.
Cla­ro, lo que es­ta com­pa­ra­ción omi­te es que la po­lí­ti­ca eco­nó­mi­ca apli­ca­da du­ran­te 1999 (en rea­li­dad, du­ran­te to­da la dé­ca­da del ’90) nos lle­vó al 2002 cuan­do to­dos es­tos in­di­ca­do­res fue­ron no­ta­ble­men­te peo­res (la re­la­ción deu­da/P­BI lle­gó al 70%) y des­de allí se tu­vo que re­mon­tar la si­tua­ción.
El ca­pi­ta­lis­mo des­re­gu­la­do con pre­mi­nen­cia del ca­pi­tal fi­nan­cie­ro es­ta­lló en el 2007 en el mun­do de­sa­rro­lla­do. Sti­glitz (Free­fall, 2010) ob­ser­van­do el com­por­ta­mien­to de la di­ri­gen­cia po­lí­ti­ca y eco­nó­mi­ca, sos­tie­ne que la lec­ción no fue apren­di­da. En nues­tro país ese mo­de­lo su­cum­bió en el 2002, con ri­be­tes de tra­ge­dia. Vien­do las pos­tu­ras de la opo­si­ción po­lí­ti­ca pa­re­ce que aquí tam­po­co apren­die­ron.

Por Gerardo De Santis, Di­rec­tor del CIEPYC

21 de diciembre de 2009

¿Tropezar otra vez con la misma piedra?

http://www.elargentino.com/nota-70568-Tropezar-otra-vez-con-la-misma-piedra.html


La experiencia histórica demuestra que ningún país desarrollado se consolidó adoptando una especialización en recursos naturales sino que todos atravesaron la industrialización.

Todas las experiencias de desarrollo se hicieron sobre la base de un proceso autocentrado de acumulación. Las políticas implementadas de estas experiencias resultaron de un pensamiento atento a la historia y a la estructura socioproductiva propia y con una clara visión respecto de hacia dónde iba el mundo. Las ideas sobre las cuales se asientan las políticas necesarias para transitar el camino del desarrollo no se pueden importar.

Definir un modelo de desarrollo implica resolver la siguiente disyuntiva: o se insiste con la inserción en el mundo a través de un producto insignia cuyo progreso técnico es mayoritariamente exógeno, y sus encadenamientos en la estructura productiva nacional limitados, y que no resuelve la inclusión social de 40 millones de personas, o, como segunda alternativa, se apuesta al aprovechamiento de las ventajas comparativas en productos agrícolas redireccionando el excedente hacia actividades industriales, la investigación científica, el cambio tecnológico y la educación para insertarse en el mundo con productos que utilicen tecnología propia y que aseguren la inclusión de toda la población.



SOJA. ¿Desde cuándo y por qué producimos soja? Desde mediados de la década de 1970 y como respuesta a que la Unión Europea decidió fijar el arancel a la importación de soja en 0 por ciento. Dicho de otra manera, desde que Europa decidió utilizar su tierra para producir otros bienes. El apoyo subsecuente del sector público a la instalación de plantas “llave en mano” para la trituración, sumado a décadas de esfuerzo del INTA para la difusión de procesos agrícolas y variedades locales, sentaron las bases para la rápida adopción de biotecnologías importadas. Luego se agregaron China e India, que también demandan esta oleaginosa, que transforman en sus propias plantas de trituración en alimento balanceado para producir proteína animal (pollos, cerdos). La Argentina ve así erosionarse las ventajas competitivas de un moderno complejo agroindustrial, del cual no controla la tecnología y que por lo tanto no puede reproducir en forma ampliada. La Argentina debe su modalidad de inserción en la división internacional del trabajo a procesos que le son ajenos y difícilmente reproducibles.

En otros términos, la asignación de prácticamente la mitad del área cultivable de nuestro país a producir soja no fue una decisión propia y su dinamismo se limita a un shock transitorio que la Argentina ni siquiera controla. Nuevamente, ¿nuestro “producto insignia” será uno que vale u$s380 la tonelada o, en cambio, por citar un contraejemplo posible, vacunas a un valor de u$s100.000 por tonelada? Cuesta creer, pero parece que la Argentina se parece al hombre, y puede tropezar con la misma piedra otra vez.

Durante la etapa del modelo agroexportador (1860-1930), la Argentina estuvo inserta en la división internacional del trabajo. El mundo (Inglaterra) demandaba algo que nosotros podíamos producir (carne y cereales). El excedente de esa etapa se utilizó mayoritariamente en acumulación improductiva (consumo suntuario de los grandes propietarios de tierras) y poco en financiar el proyecto ideado por Sarmiento y Alberdi. La prosperidad se confundía con una modernidad de escaparate. El broche de oro demostrativo de la concepción dominante se produjo a raíz de la crisis internacional de 1929 cuando la situación cambió y la Argentina se embarcó en un tratado con Inglaterra (tratado Roca-Runciman) en el cual resignaba un sinnúmero de cuestiones internas al capital inglés con tal de que este país siguiera comprando carne (el tratado sólo contemplaba los intereses de una fracción de la clase dominante).

En estos últimos años, la industria (favorecida por una protección generalizada vía un tipo de cambio competitivo) fue el sector más dinámico, el mercado interno funcionó como motor del crecimiento y el gasto educativo se incrementó, pasando de 4% a 5% del PBI. El año pasado la revista científica británica Nature señaló al año 2008 como el mejor de la Argentina de los últimos 40 en materia de inversión en ciencia (más presupuesto, más becarios, repatriación de investigadores y la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología e Innovación Productiva). Los científicos argentinos dejan de lavar platos. ¿Alcanza? No, falta mucho.

debe. Entre otras cuestiones pendientes, ahora que la economía se recupera, se hace imprescindible avanzar en una reforma tributaria que le dé más progresividad al sistema y le permita recaudar lo suficiente para financiar una estrategia de desarrollo industrial, posibilitando una inclusión sustentable de la población en el aparato productivo.

También resulta imperioso avanzar sobre la creación de una Agencia Nacional de Comercio de Granos que medie sobre el comercio exterior, una reforma de la Ley de Entidades Financieras, que incluya la generación de una Banca de Desarrollo sobre las instituciones vigentes (Banco Nación, BICE, etc.), una reforma educativa integral, que contemple la doble escolaridad en los niveles iniciales y una orientación productiva en los niveles superiores.

Algunas medidas en este sentido, pero de menor envergadura, han generado una fuerte resistencia, como es el caso de las retenciones móviles. Todo camino hacia un modelo de desarrollo, de país autocentrado, requerirá de la responsabilidad de la dirigencia, dejando a un lado todo tipo de mezquindades y posicionamientos oportunistas.

Gerardo De Santis, Director del Centro de Investigación en Economía Política y Comunicación (CIEPYC - UNLP). Extracto de la editorial de “Entrelíneas de la Política Económica” Nº 23